Construcción       Construcción

Próximo partido en:
01/11/2025 12:00 AM

Me lo pregunto todos los días

Me lo pregunto todos los días

El otro día me preguntaron en un podcast por las relaciones de pareja,

Por la importancia de escoger bien a la persona con la que quieres pasar el resto de tu vida.

No suele ser el tema habitual de mis entrevistas.

Al fin y al cabo, siempre me presentan como un ex banquero suizo -te confieso que no entiendo lo de “ex” pero parece que todos se han puesto de acuerdo- que habla sobre los mercados, las inversiones y, si acaso, la mentalidad de los ricos.

Así que siguiendo un poco el rol que me asignan le contesté con la mayor sinceridad posible:

La inversión más importante de tu vida es la persona con la que te casas.

O como siempre decía mi abuela:

El que acierta en el casar, no sabe lo que acierta.

Me pongo de pie.

No hay mayor verdad que esa.

A continuación me preguntaron algo aún más difícil.

¿Y cómo sabes que estás eligiendo bien?

Cuya única respuesta es que……no lo sabes.

Tendrás que ir descubriéndolo.

Y lo que es aún más difícil…..redescubriéndolo.

Con los años he llegado a la conclusión de que no existe un amor de tu vida.

Y no porque puedas conocer a muchas personas a las que ames a lo largo de ella.

Eso es, dentro de lo que cabe, lo normal.

Sino porque tú mismo vas a ir cambiando con el tiempo.

Y necesitas cambiar al mismo ritmo que la persona con la que estás.

A los 20 no eres la misma persona que a los 30.

Ni a los 40.

Ni mucho menos a los 50.

En lo fundamental es probable que no cambies demasiado, pero habrá mil y un detalles que se irán moldeando con el tiempo.

Pasarás por grandes momentos, por lugares muy oscuros y todo lo que hay en medio.

Sentirás el dolor de la pérdida.

Gozarás de las mieles del triunfo.

Soñarás.

Aspirarás.

Tendrás días llenas de iluminación.

Y también llegarán las pesadillas, el dolor y los días de lluvia.

A la persona que duerme contigo le pasará exactamente lo mismo.

También cambiará.

También sufrirá.

También caerá y se levantará una y otra vez.

Y la dificultad está en no perderse.

En no perderos.

En conseguir que, después de todas esas curvas, esas dos personas sigan caminando de la mano por el mismo sendero.

Quizás el secreto sea precisamente ese, que no hay que encontrar al amor de tu vida.

Sino seguir encontrándolo y reencontrándolo una y otra vez en la misma persona.

En el amor, al igual que en las finanzas, no hay muchas reglas generales pero sí millones de excepciones.

Pero si quieres un consejo que no me has pedido y que funciona muy bien, te diría que no te cases con la persona con la que puedes reír.

Eso es lo fácil.

Hazlo con la que puedes llorar y seguir adelante.

No te cases con la persona que se enamoró de ti en tu mejor día.

Hazlo de la que vio lo peor que tienes dentro y, aun así, decidió quedarse.

Mi amigo Fernando decía siempre que amigos de barra los hay a patadas.

Los que nunca sobran son los que necesitas cuando nada te sale bien.

Y muchos menos los que son ellos quienes te llaman a ti cuando notan que lo necesitas.

A mí me llamó.

Me esperó.

Me recogió del fondo.

Y me llevó a la luz.

No hay día que no vea lo peor de mí y quiera salir huyendo.

Y no hay día que yo me pregunte por qué soy un cabrón tan afortunado.

A eso tampoco tengo respuesta.

Pero te aseguro que me esforzaré con todo el alma por seguir preguntándomelo todos los días de mi vida.

Te leo.

Iñaki Arcocha
iarcocha@iacapital.ch
Suscríbete a su newsletter para no perderte ninguna historia: Suscribirme aquí

Deja una respuesta