¿Por cuánto has vendido tu vida?
¿Cuándo lo hiciste?
¿Lo sabes si quiera?
¿Crees que ha merecido la pena?
Ya te respondo yo.
No.
Y si a mí no me crees, te dejo a Ned Stark para explicártelo.
Igual que hizo con Varys cuando este le ofreció rendirse a cambio de salvar la vida mientras esperaba su ejecución en una celda sombría.
¿Crees que mi vida es algo tan valioso para mí?
¿Que cambiaría mi honor por unos cuantos años más de…..de qué?
Tú creciste rodeado de actores.
Aprendiste su oficio y lo aprendiste bien.
Pero yo crecí rodeado de soldados.
Aprendí a a morir hace mucho tiempo.
Algunos creerán que Ned Stark no tuvo la recompensa a una vida regida por el honor.
Que, al final, la dura y cruel realidad de un mundo injusto se impuso.
Que, quizás, no merezca la pena ser tan recto si al final no recibes nada a cambio.
Discrepo.
Vuelvo a las palabras de mi inmortal padre:
Iñaki, tú haz lo que consideres que debes hacer. Lo que hagan los demás….no es asunto tuyo.
En demasiadas ocasiones nos rendimos para encajar.
Nos doblamos ante la presión de los demás, creyendo erróneamente, que así aliviaremos el peso que nos oprime.
Confiamos que haciendo lo que se espera de nosotros seremos aceptamos.
Rogamos que pasando desapercibidos seremos más queridos.
Rezamos por no ser excluidos si nos hacemos indistinguibles a todos los demás.
Gran plan.
Solo que no funciona.
Porque te puedes esconder de todos menos de ti mismo.
El respeto no lo encontramos en la conformidad.
Sí, has leído bien.
Conformarse y rendirse no riman, pero suenan igual.
Conformarse y reducirse sí que riman y lo hacen por una buena razón.
Conformarse y perderse se parecen tanto que se vuelven indistinguibles.
Y una vez que te deslizas por esa pendiente sinuosa…..no hay forma de encontrarle un final.
Hay otra posibilidad.
Mantenerse firme.
Tener convicciones.
Huir de la comodidad.
Aborrecer la moderación cuando no es más que mediocridad disfrazada de virtud.
Quedarte de pie en lugar de rodillas.
Decir no.
Nunca.
Jamás.
Aunque tenga consecuencias.
Aunque pierdas.
Aunque nadie te lo agradezca.
Porque mucho peor que perder una batalla es perderte a ti mismo.
Ned Stark nunca vendió su libertad.
Ni siquiera en aquellas últimas horas.
Porque nadie puede comprar lo que nunca estuvo en venta.
Te leo.
| Iñaki Arcocha |
| iarcocha@iacapital.ch |
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